Lun 2 Jul 2007
Bueno, pues como todo llega a su fin, nuestro viaje finalizó, así que ahora es momento de relatar todo lo allí acontecido.
Nada más llegar a Valencia cogimos la nueva linea de metro que nos deja en el aeropuerto, lo cual es un descanso, ya que no tienes que buscar el autobús, no hay colas y llegas enseguida. Así que ya en el aeropuerto buscamos la ventanilla que nos tocaba, y … buff, estaba bastante llena de gente, así que esperamos, fuimos los penúltimos en obtener la tarjeta de embarque, allí tuvimos un primer cruce con una chica alemana (aún no sabíamos su nombre) que seria clave en nuestro viaje.
Ya con los billetes fuimos a la cola de embarque, que estaba también muuy llena, y por fin el gran momento, nos subimos al avión, aunque como eramos casi los últimos, no pudimos elegir asiento y nos tocó sentarnos separados, en fin, lo importante es que ya estábamos dentro.
Tras unas 2 horas de vuelo, dejamos el cálido clima de España y entramos en las nubes de Alemania, y un fuerte viento y frio nos recibió en el aeropuerto de Frankfurt Hahn.
Allí salimos y vimos el autobús que nos llevaría a la ciudad de Frankfurt am main, que era nuestro destino. Mientras esperábamos el autobús, cuyo precio por trayecto es de 12€, nos comimos nuestra primera comida alemana, una especie de pizza, jeje. Llegó el autobús, ahora nos esperaba 1h 45 minutos hasta llegar a la ciudad, así que era momento de relajarse.
La primera parada de este autobús es el aeropuerto principal de Frankfurt, en el autobús también iba la chica alemana de la cola del aeropuerto (aún no sabíamos su nombre), y nos estuvo explicando algunas cosas de allí.
Por fin llegamos a la estación principal de tren de Frankfurt donde comenzaba la aventura de buscar el hotel. Mientras que mirábamos el mapa nos despedimos de Steffi, que era la chica alemana, con la que tanto coincidimos, que había estado en Valencia de Erasmus.
Nosotros allí seguíamos mirando el mapa y esperando señal del gps, y de nuevo llegó Steffi, que como su tren no salia hasta las 6 de la mañana, pues nos dijo que si queríamos, que nos podía ayudar con el idioma y así para ella se le haría más corta la espera del tren. Y la verdad es que fue crucial, ya que ella hablo con la gente para localizar nuestro hotel y también para hablar con el hotel para decirles que llegaríamos tarde y como podíamos entrar, gracias Steffi!!.
Tras tenerlo todo solucionado fuimos, como manda la tradición choteresca, a probar el McDonalds de la ciudad, y allí cenamos con Steffi que nos contó muchas cosas de por allí.
Antes de entrar a cenar tuvimos contacto con una de las costumbres alemanas, las despedidas de soltero/a, que se parecían algo a las de aquí, sólo que allí no llevaban penes ni similares, como mucho orejas de conejo, y una caja con cosas para vender y sacar dinero, como botellines de licores, condones y chapas, nos hicimos unas fotos con las chicas y ya si que fuimos a cenar.
Hacía frío, y llevábamos poca ropa, pero estuvimos paseando por la noche viendo los alrededores de la estación. Estuvimos hasta las 2, acompañamos a Steffi a la estación donde se quedaría a esperar su autobús que le llevaría hasta su pueblo, que no recuerdo el nombre, jeje, era un nombre raro para nosotros.
Allí cogimos un taxi (#&@%%!! taxista) le dijimos la dirección, que según el GPS estaba a 3,4 km, y nos llevo al hotel, pero tardó bastante, y nos cobró casi 15€, después vimos que nos dio un rodeo, cuando al día siguiente fuimos a la estación andando en 20 minutos y en linea recta, en fin, es lo que tiene no saber donde estás.
Llegamos al hotel, que se llamaba Jaguar, y seguimos las indicaciones que le dijeron a Steffi, y además para que nos enteráramos mejor el gerente del hotel nos puso unos cartelitos con las indicaciones, así que entramos, cogimos la llave y subimos a la habitación, que estaba en el ático. La verdad es que la habitación estaba muy bien, tenía una primera habitación con 2 camas, un sofá, una tele, un armario y una mininevera, y al lado otra habitación con un armario y 2 camas, luego un aseo con ducha, todo muy limpio.
Era momento de dormir, al día siguiente nos esperaba una larga jornada de visitas y de ver la ciudad.
A las 8:00 nos levantamos y bajamos a desayunar y el gerente, un coreano que hablaba muchos idiomas, entre ellos el español, y que además era cantante de ópera, muy curioso.
Nos dijo que había habido un problema y nos había puesto en la suite, pero que si queríamos, por 3€ más cada uno, nos quedábamos en esa habitación y además nos ofrecía el desayuno buffet, así que aceptamos y desayunamos como campeones.
Comenzaba nuestra andadura frankfuriana. Mientras Jose y Felix degustaban un bar típico alemán, Alan y yo (Óscar) fuimos a buscar un ticket de todo el día para el transporte público. Al final encontramos la información y compramos un ticket, que se puede comprar en cualquier terminal del tranvia o del metro, y se trataba de un bono de todo el dia para un grupo de 5 personas máximo con el que podías viajar todo el día en metro, bus y tranvía, por solo 8€.
Mientras en el bar Félix y Jose se tomaban una cerveza en un bar típico alemán lleno de plantas y flores de plástico, una camarera rechoncha con cara de mala ostia y unos personajes con unas cuantas cervezas de más.
La cerveza estaba buena. Era una cerveza nacional con cuerpo, con grados de más y que, además, de buena mañana te podía dejar k.o. en un par de asaltos.
La Coke que le pusieron a Félix era de botella de dos litros sin gas, sin sabor y parece que añeja. A mi entender no estaban acostumbrados a servir coca colas entre la clientela del local.
La cuenta estuvo bien, como en España.
Luego cogimos el tranvía y nos llevó a la plaza del centro, donde había mucha gente. Resulta que ese fin de semana se celebraba el Ironman, que es una dura competición deportiva que consistía en 4 km nadando, 42 corriendo y 180 km en bicicleta, así que allí estaban montando unas gradas, un escenario, deportistas de todos los rincones preparando sus bicis, entre ellos, y resaltando, un grupo de Alicante que estaban haciéndose fotos con una bandera española como falda y unos sombreros cordobeses, si es que no pasamos desapercibidos, jejeje.
Recorrimos estas calles y llegamos a la catedral, con una inmensa torre, a la que no subimos ya que no vimos la manera, creemos que estaba cerrada y solo abrían determinados días, pero bueno, la vimos por dentro. Nos resulto muy curioso, que en lugar de restaurarla, la habían pintado toda entera de un rojo ladrillo con juntas blancas, un poco raro, normalmente queda mejor con el color de piedra original, pero es su catedral, así que ellos sabrán.
De aquí seguimos andando hasta llegar a la estación de tren para comprobar, efectivamente, que el taxista nos había dado un rodeo grande. De allí fuimos hacia el río Main, de ahí el nombre de la ciudad. Paseamos un rato por el río y en la otra orilla encontramos un museo de las telecomunicaciones, donde había expuesto un repaso a la historia de la televisión, con unos vídeos en blanco y negro de soldados alemanes y retransmisiones de la época de Hitler.
Después del museo llegamos a un típico mercadillo donde vendían cosas nuevas, y de segunda mano… y un puesto de salchichas muy curioso, era como una parrilla giratoria, allí nos pedimos unas bratwurst a la brasa que estaban buenísimas.
Dejamos atrás el mercadillo y fuimos de camino a la plaza del centro, donde estaba lo de Ironman y así buscar un lugar donde comer.
Tras unas vueltas paramos en una terraza típica donde pedimos, como no, más salchichas y cerveza en jarras de medio litro. Después de la comida, tocaba el postre, así que fuimos al Häagen-Dazs a a por un helado.
Si hay algo que tenemos los españoles, es que no hay nada mejor que una siesta después de la comida, así que aprovechando que estábamos cerca del hotel fuimos a dormir un rato.
La siesta es lo mejor, y nos dejó descansados. Continuamos la visita por la zona comercial de la ciudad, llena de tiendas, aunque algo que si que nos llamó la atención, es que no había mucha gente para ser una gran ciudad, seguramente se debe a que es mas bien una ciudad de trabajo, y el fin de semana no hay mucha gente.
Llego la hora de la cena, las 8, si, las 20:00, si esperábamos más puede que te quedes sin cenar ya que los restaurantes cierran pronto, en comparación con España.
Cenamos unos platos típicos que nos recomendó la camarera del lugar, y que estaban muy buenos, eran unos especies de escalopes de cerdo acompañados de unas salsas y patatas fritas.
De allí fuimos al hotel a cambiarnos y prepararnos para la noche y ver la fiesta alemana.
Desde el hotel escuchamos una fiesta hispana, ya que el presentador y la música era latina, lo buscamos, pero resultó ser una fiesta privada, así que cogimos el metro y nos fuimos a la zona que nos habían indicado de marcha. Había mucho ambiente, y muchas despedidas de soltero y soltera, al parecer mucha gente quería casarse a la semana siguiente que es 7-7-2007, así que todo estaba lleno de grupos de chicas sobretodo, vendiendo cosillas para sacar algo de dinero.
Entramos en un pub latino que lo llevaban unos cubanos, así nos sería más fácil pedir. Allí nos tomamos unos cubatas y unas cervezas de estas de medio litro. Se nos acercaron unas chicas de una despedida para vendernos cosas, y resultó que una sabía español ya que era medio española, y nos estuvo contando muchas cosas de allí. En ese mismo lugar conocimos a otra pareja de amigas, que una, por suerte para nosotros también sabía español, y estuvimos hablando con ellas, y algunos hasta bailando salsa, ante la mirada algo enfadada, del novio de la rubia que no sabía español… un poco soso la verdad, el tío ahí sentado sin bailar con su chica, normal que le encantara que bailáramos.
Fuimos a otro pub en una terraza de la calle y ahí unas cervezas más, rubias y negras mientras seguíamos viendo más grupos de despedidas. Algún alemán que otro nos preguntaba que si eramos españoles, y nos soltaba alguna frase como: tengo los cojones peludos, y también, tengo los cojones callados, (a saber que quería decir) otros simplemente decían, soy un mono pequeño jajaja.
Ya iba quedando menos gente por esas calles, y los pubs iban cerrando, eran… las 3 de la mañana!! así que tuvimos que irnos al hotel y descansar. A las 8:00 del domingo nos levantamos y nos despedimos de la habitación, bajamos a desayunar fuerte y de ahí, andando hasta la estación de tren donde cogeríamos el autobús que nos llevaría al aeropuerto, de nuevo 12€ y 1h45 min de viaje.
Esta vez llegamos pronto, así que cogimos las tarjetas de embarque y fuimos de los primeros en subir al avión (muy puntual) y sentarnos donde quisimos y además juntos.
Nos quedaban unas 2 horas de viaje hasta llegar a Valencia, así que solo quedaba descansar, dormir o ver las nubes.
Una vez en Valencia volvimos a coger el metro que nos llevó a la parada de Benimaclet donde se cerraba el círculo del viaje, sólo quedaba regresar a Ibi en coche y dar por concluido este estupendo viaje a Frankfurt de un fin de semana donde lo pasamos genial.
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